Más allá de la regulación medioambiental

Más allá de la regulación medioambiental

Este artículo de opinión está traducido directamente del original, escrito por Robin Ormerod en el blog de Envirosuite. Ver artículo original.

 

Cuando hablamos de regulación medioambiental es habitual mencionar temas como su complejidad y el alto consumo de tiempo y recursos que supone el cumplimiento de ciertas obligaciones para algunas industrias. El debate sobre los costes frente a los beneficios que suponen las regulaciones medioambientales es muy frecuente y en ocasiones inacabable.

El esfuerzo llevado a cabo para su cumplimiento se manifiesta en la práctica con programas de control de la contaminación, sistemas de monitorización, reportes, búsqueda de soluciones y sistemas de información frente a la opinión pública y a los vecinos.

Muchas empresas necesitan destinar altos presupuestos cada año para cumplir con las regulaciones medioambientales. La gran cuestión es si estos costes necesitan seguir incrementándose y si se pueden obtener ventajas adicionales para las empresas de este esfuerzo.

Desde el punto de vista legal es muy fácil señalar los riesgos para las empresas, así como los potenciales costes del incumplimiento o de causar molestias a los ciudadanos. Estos costes son tanto financieros (multas, gastos legales, compensaciones…) como no financieros (pérdida de reputación, reducción de la capacidad de atraer talento, enfrentamiento con la administración). En el peor de los casos pueden llevar al cierre del negocio.

 

Beneficios del cumplimiento de la regulación medioambiental

La mayoría de los responsables del cumplimiento de las obligaciones medioambientales son conscientes de que las cosas deberían ser más fáciles (o al menos lo desearían), pero al final no tienen el tiempo o la información necesarios para explorar todas las opciones. Esto aplica también a los reguladores y a la propia industria, así que a menudo vemos programas de protección medioambiental con falta de la coherencia, eficacia o utilidad exigibles en estos casos.

A pesar de todo, la innovación y la adopción de nuevas tecnologías en la industria y los gobiernos están avanzando y el cambio cada vez es más rápido. Las tecnologías que hay en el mercado están ayudando en diversas maneras a proporcionarnos más datos prácticos, más rápidamente y de forma más inteligente. El resultado es un cambio radical en cómo la gestión medioambiental puede ser entendida, no como una carga pesada y costosa, sino como una inversión eficaz que proporciona un retorno en forma de información que simplifique las operaciones en tiempo real y las decisiones a más largo plazo.

La ventaja principal de las nuevas tecnologías es la posibilidad de acceder a la información de forma instantánea y pertinente (no sólo en forma de datos en bruto sino como analíticas que pueden ser generadas y compartidas automáticamente). Cuando la información está conectada con las áreas clave de la empresa es cuando las operaciones y decisiones pueden ser optimizadas por este conocimiento. Esto provoca una visión más proactiva y práctica de las empresas, que además de cumplir con las ordenanzas medioambientales, obtienen una ventaja competitiva en su sector.

 

Robin Ormerod es co-fundador y director general de Envirosuite  is a founder of Envirosuite and Managing Director.

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